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Historia del presente arrow . Mujeres, militancia y violencias-Historiadel presente, 33

. Mujeres, militancia y violencias-Historiadel presente, 33

Autor: ( VV.AA )

Precio: 15,00 €
ISBN: 1579-8135-33
Nº Páginas: 192
Dimensiones: 20 x 25
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. Mujeres, militancia y violencias-Historiadel presente, 33

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MUJERES, MILITANCIAS Y VIOLENCIAS

EXPEDIENTE

Mónica Moreno Seco y Bárbara Ortuño Martínez, Nuevas miradas sobre los años setenta en Iberoamérica  

Mónica Moreno Seco, mujeres en el frap. Género, militancia y violencia en españa 

durante los años setenta 

Bárbara Ortuño Martínez,Las violencias del exilio. Argentinas expatriadas 

en la españa de los setenta

Débora Carina D’Antonio, La escritura femenina en tiempos de encierro como 

forma de intervención política (Argentina, Villa Devoto, 1976-1983)

Marta Romero-Delgado, Maternidad, género y militancia. Disyuntivas y contradicciones 

en torno a las experiencias maternas en el contexto del conflicto armado peruano

Cristina Scheibe Wolff,Razón y emoción: mujeres militantes en las dictaduras del Cono Sur

EL PASADO DEL PRESENTE

Igor Barrenetxea Marañón,Memoria, educación y humanismo en tiempos de 

stalin: La clase de esgrima (2015), de Klaus Härö 

MISCELÁNEA

Natalia Urigüen López de Sandaliano,Aportación de la Democracia Cristiana Alemana 

a la consolidación de la ucd como partido político (1977-1979) 

Sara Hidalgo García de Orellán, Cuerpo a cuerpo frente al miedo: la experiencia socialista 

de la violencia de persecución en Euskadi (1995-2011)  

Fátima Martínez-Pazos y Jaime Contreras-Becerra, Una transición en clave de movilización

social. El movimiento vecinal andaluz y gallego ante el cambio político (1977-1982) 

María Isabel García García,La movilización femenina en el integrismo islámico

PRESENTACIÓN

Mónica Moreno Seco y Bárbara Ortuño Martínez

Universidad de Alicante

Este monográfico pretende abrir elementos de debate en el conocimiento sobre las relaciones entre mujeres y compromiso político, al introducir cuestiones como la violencia política, las emociones o la maternidad, entre otros.El surgimiento de la “nueva izquierda” en los “largos años sesenta”, en un contexto de auge de la protesta política y eclosión del movimiento feminista, ofreció un espacio de activismo a numerosas mujeres, en su mayoría jóvenes, que ingresaron en organizaciones políticas y armadas en una proporción inédita hasta ese momento. Esta presencia en un ámbito reservado en buena cuenta a los hombres introdujo numerosos cambios en los movimientos políticos en que militaron, en sus debates internos, en las relaciones entre los partidos y el feminismo, y en las propias identidades de mujeres y hombres de izquierda. Contamos ya con sólidos trabajos sobre las experiencias de la militancia de las mujeres, las diferentes maneras de ejercer y compartir el poder en función del género y la compleja articulación entre compromiso y vida cotidiana, en culturas políticas y contextos históricos en que lo político no se distinguía de lo personal. Se trata de investigaciones que permiten preguntarnos cómo se definía el sujeto revolucionario, qué mecanismos intervenían en la construcción de las subjetividades militantes o cuál era el grado de coincidencia entre discursos que primaban la igualdad y prácticas que perpetuaban jerarquías.[iii] La participación de mujeres en estos espacios de activismo trasgredió normas y discursos políticos y de género, así como cuestionó formas de vida y de compromiso.

Siguiendo dicha estela, el monográfico se centrará en España y en varios países de América Latina, que formaron parte de un espacio transnacional como es el iberoamericano, marcado por los flujos de ida y vuelta de seres humanos, capitales e ideas. Si bien disponemos de trabajos centrados en Europa que comparan la experiencia de mujeres integrantes de movimientos contestatarios en países democráticos o sometidos a dictaduras, o de estudios sobre algunas regiones sudamericanas, la militancia de mujeres en Iberoamérica, entendido como un ámbito transnacional, compartido, nos parecía una reflexión necesaria, para comprender mejor una época en que revoluciones y organizaciones políticas latinoamericanas se convirtieron en referente teórico y estratégico para la nueva izquierda española, o en que la movilización antifranquista era concebida como parte de la lucha global contra la injusticia y en defensa de las libertades.

El monográfico propone añadir un factor más de reflexión, con una mirada centrada en diferentes manifestaciones de la violencia política. Existe en la actualidad una proliferación de trabajos de investigación sobre la violencia de género centrados en la época actual y en el ámbito familiar. Sin embargo, a pesar de la consolidación de la historia de las mujeres en nuestro país, es evidente la laguna historiográfica en lo que respecta a los estudios sobre la violencia y las mujeres en el pasado.Como ha señalado Cases, estas relaciones entre violencia y mujeres ofrecen un panorama dominado por la complejidad y heterogeneidad.Más allá de la imagen de víctimas pasivas y seres por naturaleza pacíficos que se suele atribuir a las mujeres, muchas militantes de partidos y organizaciones armadas fueron individuos capaces de transformar su experiencia de la violencia en un modo de acción política y de tomar las armas para convertirse en agentes de violencia. Estas fueron quizás las expresiones más contundentes, pero en términos generales durante los años setentas las prácticas violentas se volvieron cotidianas y pasaron a integrar un orden simbólico que excedía a quienes protagonizaron la política. Los procesos de independencia en el Tercer Mundo, las guerrillas y los proyectos revolucionarios se extendieron por todo el planeta. Como parte de una cultura global, mitos como el Che Guevara o la lucha de pueblo vietnamita contra EEUU impulsaron a numerosas personas a adoptar o a avalar la violencia como un medio de lucha contra dictaduras, alcanzar el poder y transformar la sociedad, en lo que González Calleja ha definido como «violencia subversiva».

En Iberoamérica, durante los procesos de oposición a regímenes dictatoriales, en momentos de transición política o en situaciones de conflicto armado, numerosas mujeres participaron en el debate sobre la legitimidad del recurso a la violencia frente a un mundo que consideraban injusto y desigual. Además, las mujeres que formaron parte de organizaciones armadas ejercieron la violencia. Todas ellas transgredieron los códigos de género e introdujeron reconfiguraciones en las identidades femeninas y masculinas. En los discursos de sus formaciones o de los Estados contra los que combatían se establecieron con frecuencia diferencias entre los hombres, definidos como guerreros y resistentes, y las mujeres, concebidas como asistentes auxiliares y víctimas. Sin embargo, cuando ejercieron la violencia, fueron representadas muchas veces como seres más sádicos, desviados y violentos que sus homólogos varones. La violencia representó asimismo un factor determinante en la formulación de la propia identidad militante de estas mujeres, en su compromiso con la revolución y/o en defensa de los derechos humanos. Además, como apunta Peller, la violencia atravesó la vida cotidiana de estas militantes, por el impacto del ejercicio o el contacto con la violencia armada, por el peso de las emociones que desencadenó dicha violencia, o por las dificultades diarias que implicaba la vida en clandestinidad o en contextos de conflicto armado.[xi]

No obstante, la lucha armada también pudo significar una experiencia de control y disciplinamiento, debido a los rigores de la clandestinidad y al desarrollo de discursos políticos rígidos y muy exigentes. Por otro lado, estas mujeres, militantes de la izquierda revolucionaria, apostaran o no por el uso de las armas, con frecuencia experimentaron una represión en contextos dictatoriales con altas cotas de violencia institucional, que estuvo marcada por su doble trasgresión al sistema político, social y emocional. La capacidad de agencia de mujeres sometidas a altos niveles de violencia se observa en las diferentes estrategias desplegadas para convertir en política su resistencia a las torturas, las cárceles o el exilio.

Por otro lado, este monográfico recoge otros elementos de debate que requieren todavía mayor atención en las investigaciones sobre la militancia y el activismo político en los años setenta, como algunas experiencias diferenciadas de las mujeres, en especial la maternidad o las reacciones ante la pervivencia de las jerarquías de género en el seno de las organizaciones políticas de la nueva izquierda. Las dificultades de hacer compatible el cuidado de los hijos e hijas con el activismo político es un eje que atraviesa todos los artículos, un elemento que no suele destacarse cuando se aborda la acción política de los varones, y que revela la diversidad de reacciones y opciones de las mujeres, más allá de supuestos esencialismos maternales. En segundo lugar, el paso por la militancia política condujo con frecuencia al feminismo, en ocasiones de manera paralela, lo que se tradujo en una doble militancia, o con posterioridad a la acción política. Las reflexiones que plantean las mujeres en sus testimonios posteriores suelen coincidir en una vivencia recurrente de subordinación en sus organizaciones, que fue específica y no afectó a los hombres heterosexuales.

Una última cuestión que también vertebra el monográfico consiste en la necesidad de introducir las emociones en el análisis del compromiso político, tanto de mujeres como de hombres. En este caso, más que una realidad propia de las mujeres, se trata de una vivencia atribuida en especial a las mujeres, pero que afectó también a los hombres. Frente a un relato consolidado y en su mayoría centrado en objetivos políticos e ideológicos, en apariencia racionales, la perspectiva de género permite poner en duda planteamientos que pretenden ser neutros para mejorar nuestro conocimiento del pasado.

Para reflexionar sobre estos aspectos y sobre la complejidad de las relaciones entre género, compromiso político y violencia, contamos con cinco artículos, que recurren a fuentes diversas como cartas, testimonios orales, autobiografías, prensa o material de las organizaciones políticas. En el primero de ellos, Mónica Moreno aborda un objeto de estudio novedoso en la historiografía española, que al estudiar la presencia de mujeres en organizaciones armadas ha primado sobre todo la Guerra Civil: su artículo se centra en las mujeres que se incorporaron a la organización FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), que actuó en España en la primera mitad de los años setenta. Analiza qué discurso mantenían las militantes y dirigentes del FRAP sobre la violencia, cuáles fueron los motivos que les condujeron a ejercerla, de qué manera vivieron la clandestinidad o cómo fueron representadas por sus agrupaciones, por las autoridades franquistas y por la prensa. También reflexiona sobre las tensiones que introdujo la presencia de mujeres en estas agrupaciones, que trasgredieron los discursos normativos al incorporarse a una organización clandestina e incluso convertirse en defensoras y agentes de la violencia.

Cristina Scheibe Wolffparte de la perspectiva feminista que afronta la intersección entre lo privado y lo político para comprender el modo en que las emociones, en particular el amor, la amistad o la empatía, se integraron en el compromiso político de las mujeres que militaron en los movimientos de izquierdas y de resistencia a las dictaduras en los países del Cono Sur durante las décadas de 1960 y 1980. Su investigación, que entronca con el actual giro emocional, se asienta en un amplio fondo de historia oral que recoge testimonios de mujeres de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Ofrece interesantes reflexiones sobre los permeables límites entre razón y emoción en el compromiso de estas mujeres, y la influencia de los discursos de género en la valoración de las emociones que experimentaron las y los militantes en un amplio ámbito territorial.

En el tercer artículo Débora D’Antonio estudia la correspondencia familiar de las presas políticas de la cárcel argentina de Villa Devoto entre los años 1976-1983. En este espacio de encierro, que ocupó un lugar destacado entre los dispositivos de control de la dictadura militar, se implantó una tecnología disciplinaria centrada en el género y la sexualidad que tuvo entre sus objetivos demoler la ideología y la subjetividad de las militantes. Sin embargo, numerosas presas emplearon diversas estrategias de resistencia ante la violencia, entre ellas la escritura epistolar que entablaron con sus familiares, la cual se convirtió en una plataforma de denuncia de esas prácticas destructivas. Como plantea el texto, la capacidad de agencia de las mujeres, incluso en situaciones muy difíciles como la prisión, permite cuestionar interpretaciones que limitan a la pasividad las reacciones de las mujeres frente a la violencia.

En este cruce entre la historia de las mujeres, los estudios de género y la historia reciente o actual también se inscribe el trabajo de Bárbara Ortuño Martínez, que aborda la relación entre exilio y represión. Preocupada por reconstruir las experiencias y trayectorias de la gente común en la migración forzada, pone el foco de atención en las historias de vida de las argentinas exiliadas en la península ibérica por su compromiso con la política, el miedo producido por el auge de la violencia desde finales de los años sesenta y la represión ejercida por el estado terrorista de la Junta Militar tras el golpe de 1976. A través de la subjetividad de quienes se expatriaron durante su juventud aborda la violencia en una triple dimensión: instrumento político y social, matriz del exilio y expresión manifiesta y sentimental del país de destino.

Por último, Marta Romero-Delgado analiza la memoria de las mujeres que participaron en el conflicto armado peruano (1980-2000), muchas de las cuales habían comenzado su militancia en los años setenta. Focaliza su investigación en las militantes del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, organizaciones herederas de la experiencia guerrillera de la década de 1960, que promovía la lucha armada como el único camino hacia la transformación social. A través de fuentes orales la autora profundiza en la cuestión de la maternidad y su compatibilidad (o no) con la vía revolucionaria. Ahonda en las representaciones y en los estereotipos referidos a la maternidad y la subjetividad femenina, al mismo tiempo que indaga en las rupturas personales que supuso la descendencia y en las contradicciones identitarias que la posibilidad de ser madres ocasionó entre aquellas mujeres que ya habían transgredido los discursos y prácticas tradicionales de género al apostar por las armas.



 

 

 

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